Luna y jaleo

 

“¡Se acabaron los gitanos

que iban por el monte solos!

Están los viejos cuchillos

tiritando bajo el polvo”.

Los folletos anuncian tarde de flamenco en la Plaza do Toural,  Santiago de Compostela. Me llaman del grupo de baile. Pueden contar conmigo. Patear un poco el suelo alivia. Tiene algo de querer despertar el mundo.

Se festeja la ascensión. La de Cristo, aunque muchos lo duden. Ya han pasado en la semana espectáculos de jazz, rock inglés , español, BA rock, los ojos de brujo, y cierra mañana David Bisbal. Le mandé saludos: que cierre y se lleve la llave de su barrio. En fin, hay para todos los gustos o disgustos.

Lo importante: la tierra del Apóstol le da lugar al Cristo de los Gitanos “siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar”.

 Si “Europa se hizo peregrinando a Santiago”*·,  los Gitanos se han hecho peregrinando en Europa. En esta plaza céltica no está tan a la vista la presencia gitana, como en Cataluña, Andalucía o Castilla. 

Tal cual manda la tradición compostelana, llueve. El jaleo se suspende. Mis botas de flamenco quedan en el bolso, sobre la mesa.

-Tratándose de gitanos, habrá que esperar  la noche-, escribo en el mural del grupo de baile. Es algo que aprendí en Brasil, en rituales de los que tomé parte con gitanos de Riberâo Preto. - La luna les es propicia-. Y así fue, claro.      

     

Un centenar largo de  personas alrededor de la fuente . Comienza la música en el escenario. Una escuadra jazzista fusiona el flamenco con música gallega y todo lo que se le cruza. Un poco instrumental de más, pero levanta cuando dos cantaoras le prestan el alma al virtuosismo.

 

El clímax del show proviene de otro lado. Un grupo del público le mete las palmas. El misterio de la cuenta flamenca se hace de manos con uñas maltratadas, como debe ser. Hay un clan entero, casi en formación. Los carritos con bebés frente al escenario, luego niños y mujeres, fila tres para hombres jóvenes y en la última los adultos, miradas profundas y palmas no tan ligeras. Le dan sangre a la música y todo empieza a gravitar en torno a ellos. Gritan lo justo en el momento justo. Levantan brazos, llaman por bulería. La verdadera, no la marcha de discoteca que sonará mañana en andas de la “Operación Derrota” de la cultura española.

  

El duende paira en la plaza. Con la digna alegría que los hace estar y no estar a la vez, el clan exhibe historia y futuro gitano:  desde calones de piel oscura con semblantes de India, hasta kalderash rubios, toques rumanos ó húngaros.  Cuando arremeten todos , invierten el sentido del show. Los músicos del escenario pasan a tocar pendientes de ellos. 

"Si te vieran los gitanos, harían con tu corazón, collares y anillos blancos”

Palo con palo, van acompañando, reinventando. Los lazos familiares no se evidencian cuando termina el espectáculo y el grupo se fragmenta. Dan la impresión de encargarse de los niños que tienen cerca, y ¡ala! Que se van yendo.

Una gitanilla maciza y decidida, arremete contra el gentío, abriéndose paso con el carrito y el bebé. Atropella a varios sin miramientos. Dos hombres y otras dos mujeres se le unen. Vamos por la misma calle de piedra casi techada, que va a dar a la plaza de las Platerías, ya en la Catedral. Paseo gozoso, piedra, luna y la torre del reloj. Uno de los gitanos se apoya contra una columna, y mea.

Entre esto y el carrito chocador, el hechizo me abandona. 

Fuente de los Caballos a la vista, llegan otros. Todos comienzan a hacer palmas y a cantar una rumbita. Doblan a la luna, dale que va con los cantes. Yo subo hacia la Catedral un poco Hermes,  de nuevo el duende alándome los pasos.

º“Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos”

 

 

º Fragmentos de Federico García Lorca

* Frase atribuida a Goethe.