El mejor regalo

El mejor regalo desde Sevilla: relato de Ana Pariente

 

Escribe Ana Pariente desde Sevilla

 

EL MEJOR REGALO

Clara volvía de su trabajo a casa, la esperaban algunos días de descanso. Los últimos del año.

Al tomar el ascensor, entró una vecina.

Clara marcó el 6 y marcó el 7.

-Ya sabes dónde vivo, ¿eh?

-Bueno, llevo aquí algunos años.

-¡Ay, hija, otro año más! - empezó el lamento la vecina.

-¡Qué bien! ¡Señal que lo hemos vivido y vamos a celebrar otro que entra!

-¡Quita, quita..! No quiero….- espetó la mujer. Y siguió hablando y hablando contra la vida.

La mente de Clara subió alto, mucho más que el ascensor. Tristemente se acordó del partir de un compañero. Un muchacho en plena ejecución de sus futuros, de tan solo 22 años...la voz estridente de su vecina le enturbia el pensamiento

-¿Verdad querida?

Clara intenta seguir la conversación que había perdido, la mira, le sonríe

-A mí nunca me ha importado decir la edad, Clara.

-Eso está bien

-Tengo 75 años.

-¡Ea! Pues que bien los lleva…!

-Y..¡Ay! mira qué arrugas…. ¡no quiero, no quiero!

-¡Si no los representa! ¡Mira que moderna y guapa está!

-Ya, ya, pero, ¡no quiero! ¡no quiero!

A Clara le baja un cansancio de ceño fruncido:

-Con todos mis respetos es usted una afortunada, cuánta gente muere buscando un sitio donde vivir, cuánta gente muere sin haber cumplido sus sueños, cuánta gente muere sin apenas haber podido disfrutar de un poco de vida, cuánta gente quisiera estar tan saludable como usted y llegar a su edad rodeada de familia y amigos……¡y usted se queja por vivir! Es usted una desagradecida y una egoísta.

El ascensor se detuvo en el sexto piso. Despacio, mucho más que siempre. La mujer cabizbaja sale sin despedirse. Se crispa y vomita:

-¡No me gusta!

 

Más liviano, el ascensor sigue su camino, Clara murmulla  “¡Qué injusta  la vida!”, y otras frases de la rabia que se va quedando allí, en la caja de metal.

Abre la puerta de su casa y enseguida la ventana. Los rayos del sol entraban a raudales por el gran ventanal del comedor, sonrió.

-Mientras respire , seguiré celebrando - le cuenta a los aromas de su apartamento.

Mira hacia al piso de abajo.

El ventanal, como siempre, cerrado.

Ana Pariente